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07 febrero 2008

Los gringos que “invaden” a Las Choapas

*La presencia de este insólito grupo de ambientalistas de todo el mundo en la zona rural de ese municipio, ha dado origen a una serie de mitos, que los pintan como algo que realmente no son


Crispín Garrido Mancilla

Semanario Sinlímite/Diario Presencia


(Tercera y última parte)

Las Choapas, Ver.- A
l no haber líderes, en Rainbow todas las decisiones se toman por consenso. Así es como están viendo la posibilidad de comprar un terreno de 13 hectáreas cercano al que ocupan ahora para establecer una aldea permanente; pero hasta el momento no hay nada en concreto. Si hubiera quien se los vendiera, lo pagarían mediante donaciones de los propios miembros o realizando espectáculos artísticos para reunir dinero.
Cuando alguien llega al campamento se le da la bienvenida y a quien llega por primera vez se le informa lo que hay ahí: Yoga, masajes, acupuntura, meditación, reiki. De los puntos más inimaginables del planeta llegan chamanes (curanderos), médicos naturistas, artistas. Algunos ensayan talentos, que son usados en espectáculos que presentan en las ciudades para recabar fondos. Un enemigo jurado de los miembros de Rainbow es la basura. En Las Choapas, avergonzaron a más de uno cuando se dieron a la tarea de recolectar basura en el parque Benito Juárez.
--¿Tienen algún permiso de las autoridades?
--No, como estamos en propiedad privada no es necesario.
--¿Alguna autoridad los ha molestado?
--No, al contrario. Han sido muy amables. El presidente municipal, Antonio Pouchoulén, estuvo aquí con toda su comitiva y participó con nosotros en una ceremonia.
Caía la tarde y la aldea se encontraba sumida en la modorra. No había más ruido que el de los que trabajaban cavando en el anfiteatro. Viento Eléctrico se ofreció a llevarnos a conocer todos los lugares. En el camino nos encontrábamos con personas, en su mayoría blancas, hombres y mujeres de cabellos largos y rubios, con colas de caballo o trenzas; pasaron al menos dos niños más, igual de güeros.
En una de las tiendas, a unos 15 metros, junto a uno de los matorrales, alcanzamos a ver a una mujer alta y blanca que, completamente desnuda, realizaba algunas tareas. Los reporteros volteamos a mirar de reojo, mientras el hombre que estaba con ella, sentado de frente a nosotros, se reía de nuestras caras de asombro. Fue la única persona desnuda que vimos en la aldea.
Fuimos a una tienda construida de nylon donde Viento Eléctrico nos dijo que estaba un hombre en un ayuno de cinco días por la paz del mundo; pero no lo encontramos. “Me invitó –dijo Viento--; pero sólo le aguanté un día”.
Pasamos por el fuego sagrado principal o círculo principal, de unos 15 metros de diámetro, donde se reúnen para comer y cenar una dieta a base de vegetales (eso sí, se vale repetir). Nos mostró su bandera de la paz, que representa el presente, el pasado y el futuro unidos a la eternidad. Pasamos con Sebastian, de Canadá, quien, sentado en el pasto, me pidió tomar una carta para leerme el Tarot. Me explicó en inglés que mi carta mostraba tres atajos, siempre ascendentes. Fuimos a ver al acupunturista, que estaba de mal humor y no quiso fotografías ni dar explicaciones, por lo que nos alejamos por la misma vereda.
Cuando ya el sol se había ocultado detrás de la cercana montaña, Viento nos llevó a conocer las letrinas, unas zanjas cavadas en una ladera, donde los habitantes cubren con tierra y cenizas sus excrementos para mantener alejadas a las moscas e ir produciendo abono orgánico para unos almácigos ubicados a 10 metros de distancia, donde tienen sembrados maíz, frijol y hortalizas, productos que en su mayor parte no cosecharán porque la técnica usada es incorrecta para esta región y porque se van en febrero, antes de la pizca.
Ya enfilados hacia la salida de la aldea, nos saludaron desde una ladera nuestros amigos Cynthia, Miguel y Yesica, que habían instalado sus tiendas. A esa hora, en la casa del rancho había al menos 20 personas, entre ellas un grupo de mexicanos. Conversamos brevemente con ellos y tomamos una de nuestras últimas fotos. Había que ganarle a la noche, en un camino peligroso para quienes no lo conocen. Ya de regreso nos encontramos a Karen Khon, que iba hacia la aldea. Se estableció el contacto para que su grupo venga a Coatzacoalcos a presentar su espectáculo multicultural (están en pláticas con el comité para participar en el Carnaval Coatza 2008). Ya está autorizado por el alcalde Marcelo Montiel. Lo demás dependerá de ellos.
A través de la montaña, partirá dentro de poco la caravana a caballo. Son los scouts, encargados de buscar el sitio para el nuevo campamento. En todo el mundo, los seguidores de Arcoiris, que cada vez son más, esperarán por internet a saber la nueva ubicación y la forma de llegar; se echarán sus mochilas a la espalda y atravesarán el mundo para reunirse nuevamente, unos días o unos meses, con quienes comparten con ellos el amor por Gaia, la madre Tierra.

LOS MITOS DE ARCOIRIS

Debido a su intempestiva llegada a una zona en la que los únicos extranjeros que eran vistos solían ser indocumentados centroamericanos, de paso hacia los Estados Unidos, los campesinos de la zona han tejido diversos mitos sobre lo que son y hacen los integrantes de Arcoiris.

Mito. Son una secta
Realidad. No. En su página de Internet se definen como la mayor no-organización de no-miembros en el mundo. No tienen líderes ni estructura. De hecho los colores del arcoiris significan para ellos “cosas diferentes para personas diferentes”.
M. Pretenden invadir Las Choapas.
R. No. Así como consiguieron ese terreno prestado, lo han hecho en decenas de lugares en el mundo. Lo que buscan es estar en contacto con la naturaleza, se acomodan donde les prestan un lugar y rara vez lo compran, como podría ocurrir en El Desengaño.
M. Van a reforestar todo el municipio de Las Choapas
R. No. Planean reforestar, como una forma de agradecer su hospitalidad, la zona urbana de la colonia agrícola El Desengaño. Sin embargo, ni siquiera tienen los árboles; los tendrán que conseguir para su labor. Ellos retribuyen a las comunidades que los alojan además con campañas de limpieza, festivales multiculturales y educación ambiental.
M. Hay una casa especial a la que sólo los elegidos entran y quienes lo hacen tienen que pasar descalzos.
R. No. La única casa que hay en la aldea es el viejo rancho, donde se alojan una buena cantidad de personas, sobre todo los que no traen tiendas de campaña. La reportera Janeth Cardona pasó por el interior sin ningún problema. Las restricciones se aplican a la choza de masajes o el Temascal, por razones obvias.
M. Son adictos y hacen orgías.
R. Al parecer no. Tienen como regla no armas, no alcohol, no violencia, no drogas. En la aldea había alrededor de 100 personas y nunca se percibió olor a algún enervante. En el campamento siempre hay niños de diversos orígenes. De hecho en el grupo hay matrimonios, con o sin hijos, y consanguíneos. No renuncian a la sexualidad, pero no parece ser su principal motivación.
M. Son hostiles
R. No. En su gran mayoría son hospitalarios y orgullosos de su forma de ver al mundo. Tratan a toda costa que los visitantes se sientan cómodos e insisten en que se queden a vivir las actividades que ellos practican.
M. Compran caballos para buscar en la montaña oro o uranio.
R. No. Practican la equitación. Y cuando van a buscar un nuevo sitio para acampar la avanzada es una caravana a caballo. Cuando llegaron a El Desengaño venían de un campamento anterior en Costa Rica. Al llegar a la montaña se despojan de cualquier aparato electrónico, lo que vuelve un contrasentido que anden buscando minerales.
(Para leer las dos primeras partes de esta crónica en Coatza Digital, busca en la etiqueta de la derecha que dice: Las Choapas, o en: Entradas antiguas. En Coatzacoalcos y la región sur del estado, puedes adquirir el semanario Sinlímite, y en Las Choapas el diario Presencia).

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