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03 octubre 2011

IVA A ALIMENTOS Y MEDICINAS

Vía Libre

Crispín Garrido Mancilla

La propuesta que
impulsa Munir Hayek Domínguez (hermano de Sami Hayek, más conocido en Coatzacoalcos por su actividad empresarial, por sus incursiones en política y por ser el padre de la actriz Salma Hayek) de gravar alimentos y medicinas, mediante un esquema de devolución de IVA en función de los ingresos del contribuyente, no tendría por qué sufrir tantos apuros para ser aprobada, a no ser por un pequeño detalle: esto es México.

De acuerdo con las estimaciones de Munir, quien promueve su iniciativa “Una idea para el cambio”, aplicar una tasa de 16 por ciento de Impuesto al Valor Agregado (IVA) a alimentos y medicinas permitiría incrementar la recaudación fiscal en un billón 100 mil pesos anuales, suma mucho mayor a los 70 mil millones logrados con el aumento del 1% al IVA en 2009.
La sola mención de esa cantidad es la que entusiasma a los líderes políticos, que son los principales beneficiarios de los ingresos fiscales, pero la sonrisa se les borra cuando se trata de impulsar la propuesta, que mucho antes de llegar a las mesas de discusión de las comisiones tribunas legislativas, deberá resistir el bombardeo de los populistas y de los medios de difusión.
Por lo pronto, el empresario porteño, cuya actividad abarca todos los ámbitos de la contabilidad y la auditoría, sabe que por ahora políticos como Manlio Fabio Beltrones, David Penchina, Jesús González Schmall y hasta el propio Agustín Carstens, esconderán la idea en el fondo de sus cajones, porque lo inmediato es ver cada cual cómo le va en el proceso electoral de 2012.
Y es que la idea no es popular, porque políticos como Andrés Manuel López Obrador la han satanizado, no porque no la entiendan, sino porque la sola mención de una idea así del otro lado de la mesa los convierte en los ardientes defensores de los pobres y en acusadores de “la mafia del poder”, que una vez más pretende succionar la sangre de los más necesitados para seguirse enriqueciendo.
De hecho, una de las peores vapuleadas que se llevó el ex presidente Vicente Fox (además del asunto del desafuero) fue cuando su administración quiso impulsar la aplicación del IVA a alimentos y medicinas, que finalmente no prosperó, porque el PRI y el PAN no comparten posturas al respecto, pero ambos aprovecharon la circunstancia para restar bonos a Fox y al PAN.
Es más, en todo caso las beneficiarias de la oposición a la aplicación del IVA a esos rubros son las grandes empresas productoras y comercializadoras, que se ven libres de los embrollos que implica manejar esas contribuciones, ya que la venta final se rige por la ley de la oferta y la demanda, lo que significa que se vende el producto al precio más alto posible sin perder el cliente, y si se tuviera que pagar el IVA lo tendría que absorber el vendedor.
A veces las posturas de los políticos son de caricatura. Como si les importara, se rasgan las vestiduras en defensa de los consumidores de alimentos (pero no piden una rebaja a sus dietas de 150 mil pesos mensuales ni a sus canonjías), pero ¿quién no ha saboreado un rico aguacate en el último mes, cuando llegó a valer 80 pesos el kilo?
Esto sin considerar que quienes más adquieren alimentos son los que ganan más. Lo mismo sucede con las medicinas, que las personas de menos ingresos suelen obtener de las instituciones del sector salud o en las farmacias de genéricos o similares, mientras que los de mayores recursos adquieren productos más caros, exentos de IVA, desde los que usan para curarse una gripe hasta los de una cirugía estética.
Una de las cosas que más daño hacen a este país es el paternalismo gubernamental, que hace creer a una parte de la población que la otra tiene la obligación de subsidiarla. Eso no se va a poder cambiar de la noche a la mañana, pero gravar los alimentos y medicinas sería una modalidad de “Chucho el Roto fiscal”, que permitiría cobrarles un impuesto a los que más pueden para canalizarlo, vía gasto social, a los más pobres.
La propuesta de Munir (que siento el morbo de saber qué opina de ella el presidenciable Peje) no es regalar dinero a los pobres de México, sino devolverles el IVA que pagaron y no una vez al año, sino cada mes del ejercicio fiscal siguiente, conforme a un tabulador, que devolvería el 80% del IVA pagado a quienes ganen hasta 5 salarios mínimos, hasta llegar a 0% a quienes ganen más de 50 salarios mínimos.
Implica, pues, primero la obligación de pagar impuestos y después el derecho a reclamar su devolución, de acuerdo con los ingresos. Ese modelo es el que se aplica en Estados Unidos (donde el impuesto equivalente al IVA es del 7%) y donde hasta los hispanos que tienen un número válido del Seguro Social reclaman anualmente una devolución de impuestos que el gobierno les envía mediante un cheque a su buzón sin tanto cuento. No es pues, un invento, el único problema es que es en México y lo tienen que aprobar nuestros políticos.


crispingarrido@hotmail.com
Twitter: @CrispinGarrido

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