Ciencia fricción
Montaje solar
Por Luis A. Chávez
En
efecto, como dijo la señora Vilma Weinstborough, matrona de Kansas pero
asentada con su familia, un hijo, dos hijas, y su esposo William, en el
emperifollado estado de Massachussets: “que se puede esperar de un greaser que, por obra y gracias de Dios,
o sepa qué otras artes”, había obtenido una beca de física cuántica en la
prestigiada, y también emperifollada, universidad del lugar.Mi guapa novia Hellen, hija de Vilma, me había
llevado esa ocasión a cenar a su casa; Hellen estudiaba en la universidad y,
acaso mi imitación al cien por ciento de pasos de Michael Jackson, le había
hecho fijarse en mí y, poco a poco, todo fue intimidad (bastante extrema, por
cierto).En la cena, mi color de piel -todos ellos eran
judíos ortodoxos- les llamó la atención. Me defendí de manera vaga: “es…raza de
bronce”, dije por decir, pero seguí siendo un greaser incluso hasta los postres. Caía
la tarde y en el amplio hall con dos mecedores colgantes para tres personas,
casi toda la familia, menos mis dos futuras cuñadas, aunque luego se unieron a
la plática, William, de una olorosa caja de habanos extrajo uno y por inercia
me ofreció. Lo rechacé diciéndole que no tenía vicios.-Por favor, vamos. ¿Usted cree que un buen habano
de vez en cuando sea vicio?- dijo William, al momento que escanciaban vino en
las copas de cristal cortado de todos los presentes (Hellen, tomada de mi
antebrazo derecho sentados los dos en una saliente del balcón, sólo callaba).-¿Ha visto fotos de Churchill?- dijo Vilma-
observe cómo el habano le da prestigio; claro, eso es algo que a usted ni como
imagen le queda.Sonreí, alcé mi copa y, en ese momento hice un
brindis mental antes de apurar el trago: no más humillaciones.Me despedí ante al bochorno ajeno de Hellen, a
la que por toda respuesta le puse delicadamente mi dedo índice derecho en sus
labios. Le di un beso en la frente y me fui. Eran las nueve de la noche,
pasadas.Hellen me alcanzó.-Ten, para el taxi- dijo. Por
etnia, en la emperifollada universidad había hecho amistad con un grupo de genios
en electrónica, hackers e incluso expertos en piratería de discos blue ray;
destacaba Patraca, joven peruana de dientes saltones al igual que su busto,
pero amena, capaz y platicadora. Estudiaba astronomía y era la mejor de su
clase, tenía muchos amigos.Era verano en Massachussets y hacía bastante
calor. Hellen había ido de viaje de prácticas al Polo Norte.Un fin de semana me presenté por la tarde,
agitado y en camiseta sin mangas (de las que al levantar el brazo se ven los
pelos de las axilas) en la elegante casa de mi novia. La familia estaba allí,
en shorts y chanclas tomando limonada fría en la amplia sala, bajo el amparo
del aire acondicionado.-Oh, el greaser-
dijo Vilma al verme- todos pensamos que se había regresado a su país.-Ni a mi país ni a ninguno- dije un poco
alarmado.-¿Cómo?- preguntó una de mis cuñadas.-Pero… ¿es que no han escuchado las noticias?-Qué noticias- dijo William. Por
toda respuesta encendí el televisor:“Y las ondas de intenso calor que se han estado
presentando no sólo aquí en el estado sino en toda la Unión así como en buena
parte del mundo, se deben a la estrella enana A-2 L50 que en trayectoria
directa de un momento a otro se estrellará con el sol provocando, claro,
millones y millones de lenguas magnéticas de brutal energía que harán
desaparecer por completo a nuestro planeta”…“En otras noticias, pero de este mismo rubro,
pasaremos las imágenes de cómo, en varias ciudades, gente de altos estratos
sociales están regalando su dinero pero, como podemos observar, nadie se
interesa ya por el dinero”…A mis cuñadas y a Vilma los vasos de limonada
se les resbalaron de las manos. William quedó estupefacto, con la boca abierta;
mi cuñado se asomó por una ventana y vio a personas corriendo, en estado de
crisis emocional. Yo
estaba anonadado-No hay manera de destruirla- dije- de salir al
encuentro de esa estrella enana que de un momento a otro impactará con el sol,
mismo que se interpone para tratar, de alguna forma, de hacerle cambiar su
curso; lo bueno, si les sirve de aliciente, es que la muerte de nuestro planeta
será instantánea, no sentiremos más que un leve… quemón.Toda la familia se puso a llorar. Es increíble
cómo el espíritu humano ante la adversidad, a veces cae por tierra y se desvanece.Tomé suavemente del brazo a Vilma
Weinstborough, mesé sus cabellos y la subí a su recámara pues se dejó llevar
dócilmente.Antes de entrar a su recámara, le dije.-Sin embargo, el cuerpo humano, en estas
circunstancias, y tú debes saberlo porque eres instruida, Churchill y esas
cosas, se prepara; se prepara para concebir, en caso de un milagro y, nuestra
especie, no acabe del todo. Leí en una revista que, en casos de sismos de 7.5
grados por ejemplo, los hombres experimentan…-Qué- dijo Vilma.-Erecciones, debes de saberlo. Poco
después, de las recámaras de mis cuñadas sólo se escuchaba llanto; toqué
suavemente en la de una de ellas y entré.Afuera, continuaban las desquiciadas carreras
de la gente, mi cuñado ya había hablado a la policía y bomberos; pero le
dijeron que todo estaba perdido.
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