14 octubre 2012

Griselda, una historia de la batalla contra la muerte materna


*Inició con un fuerte dolor de cabeza; el diagnóstico, tumor cerebral *En el Hospital Regional de Veracruz, realizaron la cirugía sin complicaciones para su bebé

Veracruz.- A sus 31 años de edad y madre por cuarta vez, Griselda González es una mujer que salvó su vida y la de su hijo. Originaria del puerto de Veracruz, esta joven libró la batalla contra la muerte materna.

“Con seis meses de embarazo acudí al Hospital Regional de Veracruz a causa de un fuerte y permanente dolor de cabeza. Las molestias eran diarias, principalmente por la noche; era imposible dormir. Llegó el momento en que no aguanté y le pedí a mi esposo que me llevara a internar. No me esperaba que me dijeran que tenía un tumor”, narra Griselda.

Aún guarda el recuerdo de la fatal noticia. “Cuando me dijeron fue algo inesperado y sentí terrible. Mi bebé estaba en mi vientre y de inmediato pensé en mis otros tres hijos de 11, cinco y dos años”.

Griselda tendría que someterse, en total, a cuatro operaciones. La primera intervención fue para colocarle una válvula de derivación del ventrículo peritoneal. Con eso drenarían el líquido y disminuirían la presión intracraneal, causante del dolor de cabeza.

El tumor se localizaba en un área muy delicada del cerebro que controla el ritmo cardiaco y la frecuencia arterial, por lo que se requería una cirugía de alta especialidad para evitar la muerte instantánea de la paciente.

“La edad del producto no permitía garantizar su sobrevivencia, por eso hicimos todo lo posible para mejorar sus condiciones de vida hasta que fuera viable”, puntualiza el doctor Avelino Guardado, parte del equipo médico seleccionado para salvaguardar la vida de madre e hijo.

Durante los días posteriores, Griselda fue sometida a una resonancia magnética cada siete y diez días, monitoreando el crecimiento del tumor. En ese curso el edema aumentó como también la presión intracraneal, lo que podría provocarle un paro cardio-respiratorio, razón por la cual el equipo médico decidió interrumpir su embarazo, y practicarle una cesárea.

A las 30 semanas de embarazo nació su bebé, con un peso de un kilo 550 gramos. “Vi a mi bebé y me puse muy feliz, pero tenía miedo de no sobrevivir, recé mucho”, dice Griselda todavía recordando esos momentos que, seguramente, no borrará de su mente.

Dos días después al nacimiento de su bebé, le fue extirpado el tumor Ameloblastoma, con medidas de 1.3 x 0.6 centímetros y que, por su localización, la operación resultaba muy peligrosa.

El médico Avelino Guardado explica que, para realizar esa intervención, fue necesaria la colocación de un marcapasos provisional que garantizara la estabilidad del ritmo cardiaco de la paciente durante la operación, pues se manipularía el bulbo raquídeo.

Para retirarlo, añade, se llegó hasta el bulbo raquídeo donde, con ayuda de una herramienta, se manipuló el tumor y se vaporizó con una aspiradora.

“Después de la operación sentí algo muy bonito, yo le pedí mucho a Dios que me dejara por mis niños, volví a nacer gracias a los doctores y todos los que estuvieron al pendiente de mí”, comparte Griselda desde su hogar, donde hoy se recupera.

A meses de la operación, Griselda es una mujer fuerte que salió adelante por sus hijos y gracias a la oportuna intervención del equipo médico del Hospital Regional de Veracruz.

“Ahora me cuido más, hago todo con una mayor tranquilidad, por ahora no puedo levantar cosas pesadas. Poco a poco voy ganando una mayor confianza en mi cuerpo y empiezo a caminar por mí sola”, menciona Griselda.

Para terminar, expresa un infinito agradecimiento hacia los médicos que actuaron de forma oportuna y acertada y que, ante todo, buscaron salvaguardar la vida de madre e hijo.

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