*Inició
con un fuerte dolor de cabeza; el diagnóstico, tumor cerebral *En el Hospital
Regional de Veracruz, realizaron la cirugía sin complicaciones para su bebé
Veracruz.-
A
sus 31 años de edad y madre por cuarta vez, Griselda González es una mujer que
salvó su vida y la de su hijo. Originaria del puerto de Veracruz, esta joven
libró la batalla contra la muerte materna.
“Con
seis meses de embarazo acudí al Hospital Regional de Veracruz a causa de un
fuerte y permanente dolor de cabeza. Las molestias eran diarias, principalmente
por la noche; era imposible dormir. Llegó el momento en que no aguanté y le
pedí a mi esposo que me llevara a internar. No me esperaba que me dijeran que
tenía un tumor”, narra Griselda.
Aún
guarda el recuerdo de la fatal noticia. “Cuando me dijeron fue algo inesperado
y sentí terrible. Mi bebé estaba en mi vientre y de inmediato pensé en mis
otros tres hijos de 11, cinco y dos años”.
Griselda
tendría que someterse, en total, a cuatro operaciones. La primera intervención
fue para colocarle una válvula de derivación del ventrículo peritoneal. Con eso
drenarían el líquido y disminuirían la presión intracraneal, causante del dolor
de cabeza.
El
tumor se localizaba en un área muy delicada del cerebro que controla el ritmo
cardiaco y la frecuencia arterial, por lo que se requería una cirugía de alta
especialidad para evitar la muerte instantánea de la paciente.
“La
edad del producto no permitía garantizar su sobrevivencia, por eso hicimos todo
lo posible para mejorar sus condiciones de vida hasta que fuera viable”, puntualiza
el doctor Avelino Guardado, parte del equipo médico seleccionado para
salvaguardar la vida de madre e hijo.
Durante
los días posteriores, Griselda fue sometida a una resonancia magnética cada
siete y diez días, monitoreando el crecimiento del tumor. En ese curso el edema
aumentó como también la presión intracraneal, lo que podría provocarle un paro
cardio-respiratorio, razón por la cual el equipo médico decidió interrumpir su
embarazo, y practicarle una cesárea.
A
las 30 semanas de embarazo nació su bebé, con un peso de un kilo 550 gramos.
“Vi a mi bebé y me puse muy feliz, pero tenía miedo de no sobrevivir, recé
mucho”, dice Griselda todavía recordando esos momentos que, seguramente, no
borrará de su mente.
Dos
días después al nacimiento de su bebé, le fue extirpado el tumor Ameloblastoma, con medidas de 1.3 x 0.6 centímetros
y que, por su localización, la operación resultaba muy peligrosa.
El
médico Avelino Guardado explica que, para realizar esa intervención, fue
necesaria la colocación de un marcapasos provisional que garantizara la
estabilidad del ritmo cardiaco de la paciente durante la operación, pues se
manipularía el bulbo raquídeo.
Para
retirarlo, añade, se llegó hasta el bulbo raquídeo donde, con ayuda de una
herramienta, se manipuló el tumor y se vaporizó con una aspiradora.
“Después
de la operación sentí algo muy bonito, yo le pedí mucho a Dios que me dejara por
mis niños, volví a nacer gracias a los doctores y todos los que estuvieron al
pendiente de mí”, comparte Griselda desde su hogar, donde hoy se recupera.
A
meses de la operación, Griselda es una mujer fuerte que salió adelante por sus
hijos y gracias a la oportuna intervención del equipo médico del Hospital
Regional de Veracruz.
“Ahora
me cuido más, hago todo con una mayor tranquilidad, por ahora no puedo levantar
cosas pesadas. Poco a poco voy ganando una mayor confianza en mi cuerpo y
empiezo a caminar por mí sola”, menciona Griselda.
Para
terminar, expresa un infinito agradecimiento hacia los médicos que actuaron de
forma oportuna y acertada y que, ante todo, buscaron salvaguardar la vida de
madre e hijo.

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