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26 julio 2013

Las estatuas de Coatzacoalcos, de lo bonito a lo ridículo




*Hay de todo, desde trabajos bien hechos hasta otros que ni los autores supieron lo que hicieron

Crispín Garrido Mancilla/Fotos: Sergio Balandrano Casas

Coatzacoalcos.-Bienvenidos a un recorrido para conocer las estatuas de Coatzacoalcos, donde hay desde efigies y bustos bien logrados hasta figuras cuyo significado es un enigma para todos.
Quizá de tanto pasar frente a ellas, llaman poco la atención, pero en realidad hay muchas figuras, mandadas a hacer por diferentes administraciones municipales o donadas por gentes bien intencionadas o agregadas a los proyectos por las empresas encargadas de diversas obras viales.

Incluso, la mayoría de los monumentos son ignorados por las autoridades en los actos oficiales, que son realizados  en puntos recurrentes, como la Plaza de la Bandera, la Plaza de la Armada o el busto a Benito Juárez, que no está en la avenida Juárez, sino en Zaragoza y Carranza.
La escultora Patty Primo explica que las esculturas son esculpidas a golpe de cincel en la roca o el mármol y de esas, a saber, no hay en Coatzacoalcos ninguna, ya que aquí las técnicas más usadas son el vaciado, que consiste en la construcción de un molde, en el que se vacía el material deseado, que va desde el concreto de la cabeza Olmeca de Paseo de Las Palmas y malecón, pasando por el metal de muchas otras, hasta llegar a la pasta con que fue hecha la representación de Quetzalcóatl que se encuentra en la parte superior de la Pirámide del malecón.
Por lo tanto, lo que hay en Coatzacoalcos no son esculturas, sino estatuas (porque no se mueven) y las más abundantes son las cabezas olmecas, que por fortuna desaparecieron ya las que eran de fibra de vidrio, aunque quedan algunas bastante burdas, como las que están en la esquina de John Spark y Carranza, cerca de la Casa de Cultura, muy usadas, por cierto, para las fotos de graduación. Imposible omitir mencionar el monumento “A las Madres Porteñas”, ubicado en el parque Margarita Maza de Juárez, que data de 1976.     

EL TOUR

Iniciamos el recorrido imaginario en la glorieta de ese mismo crucero, donde está una de las efigies mejor logradas de la ciudad, la de Miguel Hidalgo, Padre de la Independencia de México, aunque en la avenida Independencia quien está es José María Morelos, otro prócer de esa misma lucha, y más adelante, sobre el mismo malecón, una más de Benito Juárez.
Sin duda uno de los desastres urbanos en materia de estatuas es la avenida Independencia, que por su anchura bien podría albergar varias plazas bien hechas. En primer término está la Plaza del Maestro, donde sólo les alcanzó para un busto de la profesora Acela Servín, fundadora del Setse, demasiado pequeño para una base tan grande y, cerca de ahí, el monumento a Ignacio de la Llave, con la cabeza demasiado grande y seis de las 17 letras de su nombre arrebatadas por el viento.
En esa misma avenida, cerca del hospital de zona del Seguro Social, hay una muy buena pieza alusiva a la actividad naval, una pareja de jarochos y una alusión al médico, “Apóstol de la Salud y la Vida” y, hasta el fondo, una plazoleta de la Independencia, con los bustos de los héroes de esa lucha, a los que nadie visita y a la que le acaban de dar una remozada.
En el inicio de la carretera Coatzacoalcos-Villahermosa, cerca del punto conocido como La Ex Caseta, hay un conjunto dedicado “A todos los trabajadores veracruzanos”, que bien podría ser para las distintas formas de trabajar el acero, ya que combina una base tubular, que simula una columna del puente Coatzacoalcos II; una representación bicéfala de Quetzalcóatl en hojalata, y un obrero con un taladro neumático en el que lo más destacado es el corte de la gruesa placa de acero.
En este tour por los monumentos estáticos de Coatzacoalcos, junto a la Cruz Roja hay una placita o parquecito que es todo un enigma: está presidido por tres columnas de concreto, enmohecidas por el abandono; hay unas bancas de concreto, con la forma y colocación de los asientos de los restaurantes de comida rápida, y un árbol al centro, pero ninguna de las bancas está debajo del árbol, por lo que solo sirven a los grafiteros.
Por eso mejor regresamos al malecón, donde a la altura de la colonia Playa de Oro está uno de los varios monumentos a la madre que existen en la ciudad, aunque los bromistas dicen que este en realidad es “A la Tía”, porque la mujer que carga al niño luce demasiado “escultural” para el poco tiempo que lleva de haber dado a luz.
Más adelante, la Mujer del Mar puede ser fotografiada desde diferentes ángulos, ya sea con el mar al fondo o con el Cerro de San Martín o, incluso, el Teatro de la Ciudad.
A lo largo del malecón hay representaciones de figuras marinas, como tortugas, delfines y caballitos de mar, bastante bien logrados, y a la altura de la colonia El Tesoro, está una composición alusiva también a la cultura Olmeca.
Al final de la quinta etapa del malecón, a la altura de la avenida Jirafas, está lo que el pueblo llama “El Monumento al PVC”, ya que consiste en una serie de tubos verticales de ese material, de diferentes longitudes y que coinciden con la descarga de drenaje de ese sector, por lo que se percibe el olor característico.
De regreso a la avenida Javier Anaya, que conecta al malecón, está el busto del primer obispo de Coatzacoalcos, el extinto Carlos Talavera, que quienes lo conocieron aseguran se parece muy poco al añorado jerarca religioso.
En el entronque de la avenida Abraham Zabludovsky con Universidad Veracruzana hay un interesante conjunto alusivo a la bebida tradicional conocida como “popo”, que de acuerdo con el cronista de la ciudad, José Lemarroy Carrión, es otra de las interpretaciones del nombre de la ciudad, ya que el popo es elaborado con base en un bejuco o tzacualli, que combinado con el sufijo de lugar “co”, podría haber dado también origen a la palabra Coatzacoalcos.
Y es precisamente en esa zona donde se encuentra la “joya de la corona” de todas las obras “escultóricas” de Coatzacoalcos, aunque al parecer surgió de un proyecto residencial privado, donde el “artista” ya no supo qué hacer y la dejó sin terminar.
Se trata de lo que al perecer pretendió ser una alusión al dios Neptuno, a juzgar por el tridente, frente al cual está una mujer o sirena, cuyo rostro simiesco se quedó sin terminar, y todo el conjunto pretende estar sobre una concha de mar abierta.
Zona de cruce de obreros, durante el tiempo en que se construyó el conjunto habitacional Fovissste, quienes acudían a comprar cervezas a Pensiones del Estado bromeaban respecto a si pretendió ser un “monumento a la concha”, que es lo único que realmente se entiende, o “a la madre”, porque “nadie sabe qué madre es”.

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