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Invita la iglesia católica a la conversión durante la Cuaresma, que inicia este miércoles


Comunicado de la Arquidiócesis de Xalapa

Xalapa.- El próximo 10 de febrero, Miércoles de Ceniza, la Iglesia Católica, iniciará el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Durante cuarenta días los católicos nos preparamos para celebrar la Pascua del Señor. La comunidad cristiana lleva a cabo esta preparación a través del ayuno, la oración, la limosna, la práctica de las buenas obras y la escucha de la Palabra de Dios.

El Miércoles de Ceniza es un día de ayuno y oración. Los fieles se congregan en los templos, en las capillas o en los lugares designados para ello para recibir la imposición de la ceniza. Se trata de un signo externo que revela las intenciones de los fieles de volver a Dios.
Durante el tiempo de la cuaresma, los fieles están llamados a trabajar de manera especial en la conversión personal, exhortación que durante la imposición de las cenizas, expresa el ministro con las palabras: "Conviértete y cree en el Evangelio" o con la expresión también bíblica: "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás". Con ello se recuerda nuestra caducidad y la fragilidad humana. Como
dijera el salmo 90, 5-6 “la vida del hombre es como la hierba, que brota por la mañana y en la tarde se seca”.
La Cuaresma dura 40 días. El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual. En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas
que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.
Por esta razón, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.
La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En efecto, la Sagrada Escritura habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.
La Cuaresma de este año tiene la particularidad que la celebraremos en el marco del año extraordinario de la Misericordia y uno de los signos que el Papa Francisco ha querido resaltar es el envío por todo el mundo de los Misioneros de la Misericordia.
Estos sacerdotes, explicó en su Bula Misericordiae Vultus: “serán un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios, para que entre en profundidad en la riqueza de este misterio tan fundamental para la fe”. Ellos tendrán la facultad de “perdonar también los pecados que están reservados a la Sede Apostólica”.
Estos más de mil Misioneros de la Misericordia “serán signo vivo de cómo el Padre acoge a cuantos están en busca de su perdón. Serán misioneros de la misericordia porque serán los artífices ante todos de un encuentro cargado de humanidad, fuente de liberación, rico de responsabilidad, para superar los
obstáculos y retomar la vida nueva del Bautismo”.
Viviendo profundamente la espiritualidad de la cuaresma, nos prepararemos por una parte para celebrar la Pascua de Cristo pero al mismo tiempo también para celebrar nuestra propia pascua al permitir que la misericordia de Dios transforme nuestra vida.